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domingo, 6 de mayo de 2012

Ernesto Odriozola: 150 años de su natalicio


Un día como hoy, 6 de Mayo, corriendo en Lima el año 1862, nació el Dr. Ernesto Odriozola, autor de "La Maladie de Carrión" (publicado en 1898), considerado la mejor fuente escrita de observaciones clínicas sobre la verruga peruana.

Dr. Ernesto Odriozola Benavides

Hijo del Dr. Manuel Odriozola Romero, que fuera fundador de San Fernando, junto al Dr. Cayetano Heredia, tercer Decano de Medicina que tuvieron en su historia, y quien tuviera dos periodos de gobierno universitario (1881-1884 y 1886-1888); de su madre, doña Rosa Benavides, solo se menciona una ilustre prosapia familiar.

El joven Ernesto inició sus estudios secundarios en Lima, y en 1878 ingresa a la facultad de Medicina, teniendo como compañero de carrera a Carrión; al final, obtiene el Bachillerato en 1883, cuando su padre era el Decano de San Fernando. Al año siguiente el Gobierno Regenerador del Presidente Miguel Iglesias, destituyó al Dr. Manuel Odriozola del Decanato de la Facultad de Medicina de la UNMSM, por lo cual, Ernesto no llegó a titularse en el Perú.

Dr. Manuel Odriozola (padre)

La familia viajó a Francia, en donde el entonces Bachiller Ernesto Odriozola continuó sus estudios en la Universidad La Sorbona, graduándose en 1888 como Doctor en Medicina, con la tesis «Le Coeur Senile» (El Corazón Senil).

Ese mismo año, en junio de 1888, Ernesto regresó al Perú, donde su padre ya había sido repuesto en cargo de Decano dos años antes; siendo nombrado Director de Anatomía de San Fernando, luego de la revalidación de su título de Médico Cirujano, en nuestra patria.

En 1889 obtuvo en el Perú, el Grado de Doctor en Medicina y fue incorporado a la Academia Nacional de Medicina, y siendo 3 veces su Presidente: 1903-1905, 1912-1913 y 1921-1922.



PUBLICACIONES
Entre sus publicaciones son notables: Su tesis «Le Coeur Senil», que fue elogiada por el Profesor Letulle de la Universidad de París, de quien fue discípulo predilecto. Sus «Lecciones Clínicas» que se han comparado con las de Trousseaux y Dieulafoy le dieron mucho prestigio en Latino América y en España.

En 1898 publicó, en París y en idioma francés, su obra maestra, “La Maladie de Carrion; ou, la Verruga Péruvienne” (La Enfermedad de Carrión; o, la Verruga Peruana), con la editorial Parisina Carré et Naud. El libro ha sido calificado como la de «mejor sistematización expositiva, el resumen más acabado de la verruga peruana. Libro de enseñanza escrito con elegante sencillez, rico en información, pleno de documentación debidamente seleccionada.

No es menester de este post resumir su famoso libro; sin embargo, es importante resaltar el más puro estilo enciclopédico francés con base en observaciones clínicas, que le impregnó el Dr. Odriozola. Allí, con el carácter de una primicia mundial, describió la historia natural de la, para entonces, llamada "Enfermedad de Carrión".

Odriozola, en su clásico libro, puso un énfasis muy grande en la iconografía de los diversos aspectos de esta interesante enfermedad en una forma hasta ahora no superada, aunque los conocimientos sobre la biología de la enfermedad hayan avanzado. El fue un destacado profesor médico heredero de una ilustre tradición.

Fotos de la "Erupción de Carrión"
Fue Ernesto Odriozola el que se encargó de divulgar, en el idioma francés, la historia natural de esta enfermedad. Su libro apareció en 1898, en gran formato, titulado La Maladie de Carrión. Habiendo logrado el autor, con esta publicación, llenar un vacío y abrir un camino para otros estudios con mayor rigor académico.

Odriozola coleccionó una serie de casos documentados clínicamente, en total diez casos. Las dos fases de dicha enfermedad fueron descritas clínicamente, y bautizadas por el autor como “Fiebre Grave de Carrión”, acuñada, en 1875 para describir a la fase hemática; y la segunda fase de las verrugas fueron bautizadas por Odriozola como “Erupción de Carrión”. Asimismo, y siguiendo la costumbre francesa de clasificar, describió las dos formas principales: Una que le denominó milliar, con una sub-variedad "sudaminosa". La otra le Ilamó "mular"; otro desafortunado término que fue adoptado y consagrado por Odriozola.

VIDA ACADÉMICA
Odriozola continuó en Lima una brillante carrera universitaria. Fue nombrado profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de San Marcos; primero de Anatomía Topográfica y Medicina Operatoria, y en 1908 profesor de Clínica Médica. Esta última era una de las cátedras más prestigiosas de la Facultad de Medicina y en la cual permanecería durante el resto de su carrera. Gracias a su talento y capacidad, así como a la procedencia de su familia y su formación francesa, se convirtió en uno de los médicos limeños más requeridos. Ernesto Odriozola era el médico obligado de consulta para «todos los casos difíciles».

En opiniones de sus colegas, sus discípulos y personas notables del país y extranjero, Ernesto Odriozola fue «El más conspicuo médico del último cuarto del siglo XIX, era el corifeo de las letras médicas peruanas. Era, sin disputa el médico más notable del Perú por sus cualidades intrínsecas, por su sólida cultura, por su práctica ya bastante dilatada; en su confianza había de admirar sus dotes de Maestro magnífico, comtemplar las fases de su análisis inquisitivo, para penetrar en la urdimbre práctica y conducidos por el hilo de la patografía más acabada, avizorar la terapéutica fructífera y oportuna.

Al igual que su padre al mando de la Facultad de Medicina, a la edad de 49 años, fue el Décimo Decano que tuvo “San Fernando”, de la decana Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y su gestión duró 11 años, desde 1911, sucediendo al Dr. Manuel G. Barrios Mendoza, hasta su muerte, estando en su Oficina del Decanato de la Facultad de Medicina, el 16 de Marzo de 1921, siendo sucedido en el cargo por el Dr. Ricardo Flores Gaviño.

Mientras fue Decano, creo nuevas cátedras como las de Sífilis, Neurología, Psiquiatría, Medicina Tropical y Cirugía Infantil (algunas de las cuales había visto formar parte de la enseñanza médica en Francia).

Fue el decano insustituible. Su gestión era siempre orientada por el derrotero más feliz y llevado a cabo con la más elevada de las miras», era «uno de los hombres de ciencia más ilustres y una de las personalidades más respetadas y notables del Perú. El vigor y solidez de su talento y de su ciencia le daban una amplitud, una penetración, una riqueza y un equilibrio admirables en las ideas y en su exposición y desarrollo en la Cátedra.

Debido a su labor en la entonces Sala Santo Toribio del Hospital Dos de Mayo, la Sociedad de Beneficencia, después del fallecimiento del Dr. Odriozola, le puso el nombre de Sala Odriozola.

La personalidad del Dr. Ernesto Odriozola era de rectitud, de nobleza y de bondad incomparables. No hubo circunstancia, accidente, amargura, ni prueba de la vida que quebrantara la integridad de su espíritu. Nunca pasión alguna oscureció su mente ni perturbó sus sentimientos. Su vida fue inmaculada, jamás se apartó del cumplimiento del deber. Su única aspiración era hacer el bien, según Javier Prado, Rector de la Universidad.

La vieja casa de Unanue tuvo en él a su figura más notable, y los estudiantes tuvieron al maestro más querido. Había alegría en aquellos estudiantes, cuando llenos de respeto le veían pasar, atrayéndolos siempre con su sonrisa paterna y cariñosa. El Dr. Odriozola sentía inmenso cariño por los jóvenes, conocía doblemente sus deberes para ellos, y por la vocación natural e imperiosa de su espíritu los cumplía amorosamente, sin importarle para nada sacrificio ni dolor. Los estudiantes que le veían escuchar, lleno de bondad, sus iniciativas, siendo benévolo y atento para las entonces rebeldías juveniles, deben comprender hoy la importancia de la celebración de los 150 años de su natalicio. Siglo y medio de recordar a un gran médico,  académico, científico, docente y ciudadano peruano.

Referencias Bibliográficas.-

- GARCIA C. Uriel & GARCIA V. Uriel. “Ideas e imágenes en la Enfermedad de Carrión”. Folia Derm. Per. Vol 10 Nº01. 1999
- UGARTE Luis Angel. “Ernesto Odriozola Benavides (1862 - 1921): Semblanza”. Anales Fac. Med. Vol 57 Nº04. 1996
- CUETO Marcos. “Un capítulo de la influencia francesa en la medicina peruana: Ernesto Odriozola y la Enfermedad de Carrión”. Bulletin de l’Institut Français d’Études Andines Vol 36 Nº1. 2007

Editado por Historia de la Medicina Peruana - Dr. Jampieer Sánchez Castillo.

lunes, 24 de enero de 2011

Afrodescendientes y Medicina Peruana


Afroperuano/a es un término que designa a la cultura de los descendientes de las diversas etnias africanas que llegaron al Perú durante la Colonia, logrando una uniformidad cultural. 
Primeros afroperuanos
La población afroperuana se halla, principalmente en la costa surcentral, especialmente en Lima, Callao, y en las provincias de Cañete, Chincha, Ica, y Nasca. El otro segmento importante de población afroperuana se encuentra en la costa norte ubicada mayoritariamente en la zona septentrional, entre Lambayeque (Zaña, Cayaltí), Piura y en menor medida Tumbes. En Piura se encuentra Yapatera, la ciudad con el mayor porcentaje de población afroperuana del país.
Los términos afroperuano y afroperuana están más relacionados con la cultura desarrollada por los actuales descendienes de los negros coloniales que con un concepto puramente étnico, ya que las poblaciones africanas que arribaron al Perú durante la Colonia experimentaron a través de los siglos un profundo mestizaje con la población criolla y nativa. 
Se estima que el total de la población de origen afroperuano oscila en 7% del total nacional, la mayoría se encuentra amestizada, es decir, zambos, mulatos y negros conforman un 7% del total nacional.
Ya en un artículo anterior, se relata la historia y vida de quizás, el primer afroperuano que utilizó la medicina con destreza, aunque sin los estudios científicos rigurosos, Fray Martín de Porres ("El Enfermero Martín").
El Dr. Uriel García Cáceres, médico, investigador científico, político e historiador de la medicina peruana, hace una entrega publicada el día de ayer en el Diario "El Comercio", sobre la historia de los afrodescendientes en la medicina peruana; que como sanadores, aunque poco se mencione, durante el Virreinato y en la época republicana, hasta mediados del siglo XIX, jugaron un papel importante como profesionales de la salud. Aquí colocamos el texto completo de su artículo:

Desde la época de los reyes católicos se prohibió, en España, el ingreso a las universidades a los no descendientes de españoles. Esto para imposibilitar que judíos y árabes se titulasen como profesionales de cualquier clase. Resultaba, sin embargo, que los mejores médicos, sobre todo los que atendían a la nobleza, pertenecían a esas etnias.
La especialización
En España, y solo allí, las profesiones médicas se clasificaron como: doctores o físicos –el grado máximo–, eran sometidos a examen después de estudiar en la universidad; cirujanos latinos: obtenían grado de bachiller en una universidad con dominio del latín –la lengua académica–, además, aprendían anatomía y la supuesta curación de las enfermedades de la piel; cirujanos romancistas: una suerte de enfermeros sin autorización para recetar ni manejar el latín; finalmente los sangradores: que seguían un curso de reconocimiento de las venas superficiales para extraer sangre del sitio escogido y en la cantidad indicada por el médico tratante. Esto diferenció a los españoles del resto de países en los que cirujanos podían ser barberos.
San Fernando: formador de médicos en el Perú
Protomedicato peruano
En nuestro país, con varios siglos de adelanto, se creó una institución descentralizada que calificaba a los profesionales de la salud y vigilaba su adecuado comportamiento. Estos fueron los llamados Tribunales del Protomedicato. Los historiadores desconocedores del protomedicato creen que en España y sus colonias los cirujanos eran solamente barberos y sangradores.
En América, sin embargo, se cometía la injusticia de exigirse un ominoso certificado de pureza de sangre, para entrar a la universidad y poder obtener los títulos de doctor o cirujano latino, pues no podían admitirse a personas que “avergonzaran” a sus compañeros por pertenecer a castas inferiores (como reza textualmente una pragmática de Felipe III, del siglo XVIII).
Médicos de estas tierras
Pese a todo, en las colonias españolas de América, y en especial en el Perú, ocurrió algo singular. Los afrodescendientes fueron admitidos para obtener el título de cirujano latino, profesión que casi ningún criollo deseaba (los hijos de íberos puros no deseaban ser cirujanos latinos). 
Los únicos blancos fueron los cirujanos españoles adscritos a los batallones militares de ocupación. Para atender la demanda por este tipo de profesionales, el Real Protomedicato de Lima tuvo que admitir a los descendientes africanos como cirujanos latinos. 
Por alguna razón, quizá por la innata habilidad manual, se prefirió a los afros para amputar piernas o brazos, drenar panadizos, suturar piel y tejidos desgarrados o practicar necropsias. No se hizo lo mismo con los amerindios o sus mezclados.
Hijo de esclavizado
Pedro de Utrilla ‘El Joven’ fue un cirujano latino graduado en San Marcos, hijo de un esclavo liberto de quien se dice que fue también cirujano (aunque no hay pruebas como sí las hay de ‘El Joven’). 
Ejerció su profesión brillantemente, con fama y prestancia. Sus sucesores constituyeron una tradición de cirujanos de esa etnia hasta mediados del siglo XIX. Existe prueba documental de las importantes operaciones y autopsias que realizó DeUtrilla en Lima. 
Fue el único que se salvó de la diatriba mordaz de Caviedes, quien le compuso un vejamen –texto burlesco que se redactaba para un recién graduado– en el que alabó sus virtudes sin dejar de zaherirlo con maestría:
A una mujer abrió en suma
Por la parte que no cierra
Y una piedra le sacó
Que pesaba libra y media
La mujer no murió, por
Estar de Dios que viviera […]
El ‘Cachorro’, como motejó De Utrilla al poeta, fue un notable cirujano con bien ganado prestigio. Hay que destacar que esto mismo no ocurrió en otros lares. En Norteamérica hubiese sido imposible que un africano ejerciera legalmente la profesión médica.
Dr. Eugenio Espejo
El doctor Espejo
El doctor Eugenio Espejo, de nombre “remodelado” para bautizarlo (en realidad Eugenio Francisco Xavier de Santa Cruz y Espejo), fue un sobresaliente hombre –mitificado y desfigurado– que hasta en sus retratos aparece cambiada su apariencia facial. 
Fue hijo de un indio quechua de Cajamarca –Luis Chuzigin– y de una esclava liberta –Catalina Aldás– de Quito. 
Espejo fue prócer médico y de la libertad de la entonces Capitanía de Quito, primero en el virreinato, del Perú y luego de Nueva Granada.
Vivió en los tiempos de Unanue y aunque no hay evidencia de que se conocieran, ambos postularon los cambios climáticos como factores en la génesis de enfermedades. Murió en prisión por ser un sincero anticolonialista.

Profundizar estudios
Hay pocos datos concretos sobre los médicos de ascendencia africana. El primero que se encuentra –gracias al gran historiador Guillermo Lohmann Villena– es el doctor Juan Llano Jaraba, quien en 1695 obtuvo la borla doctoral. Era hijo ilegítimo de un noble español y de madre cuarterona (hija de español con mestiza). 
El virrey Conde de la Moncloa ordenó al protomedicato dispensarlo del certificado de pureza de sangre por su sobresaliente rendimiento académico. No hay bibliografía sobre él, pero sí evidencia documental de que durante varios años fue protomédico y catedrático. Juan del Valle y Caviedes lo menciona hasta tres veces y en su famosa obra manuscrita “Hazañas de la Ignorancia”, lo atacó en una extenso Romance, diciendo que solicitó a Llano curarle una fiebre terciana y criticó despiadadamente sus recetas.
El gran Dávalos
José Manuel Dávalos (1758-1821), hijo de un importante español con una esclava liberta, fue –como Hipólito Unanue– seminarista y cursó latinidad, filosofía y artes. Pasó a San Marcos para cursar la carrera de cirujano latino (la única que podía seguir). Su padre pidió permiso para que viajase a Europa, donde ingresó a la prestigiosa Universidad de Montpellier, Francia, y fue discípulo de prominentes figuras científicas, como Lavoisier. 
Se graduó con honores con una tesis sobre las enfermedades vistas en Lima durante su ejercicio. Su tesis, en correcto latín, fue publicada en francés por varias revistas científicas. En Montpellier siguió cursos de botánica médica. De vuelta a Lima fue maltratado por la universidad y recurrió a la Corte Real para revalidar su título francés de doctor. 
Al crearse la cátedra de botánica médica se presentó al concurso, pero perdió ante un dibujante (ex soldado raso de un regimiento español sin título académico), protegido de Unanue. Aceptó enseñar gratis mientras durase la ausencia del titular que trabajaba dibujando para una misión botánica. 
Cuando Hipólito Unanue intentó ser protomédico, la universidad utilizó a Dávalos para contrarrestarlo. El currículo del doctor era imbatible y la universidad lo nombró provisoriamente. El virrey Abascal, entonces un virtual rey de la América del Sur hispana, colaboró con Unanue para atropellar a la universidad y al doctor Dávalos. Unanue fue nombrado protomédico por decreto virreinal y sin concurso. El único médico peruano alabado por Alexander von Humboldt fue este afroperuano.
Artículo escrito por: Dr. Uriel García Cáceres (El Dominical de "El Comercio" Pág.10-23/01/2010)

martes, 5 de enero de 2010

Daniel Alcides Carrión (6/6)


La inmolación de Carrión provocó un despertar en la investigación médica peruana. Los científicos superaron la desazón de un país que todavía curaba sus heridas de guerra, y se avocaron al estudio de la temible enfermedad.

La Verruga fue abordada en todos sus aspectos, y produjo numerosos ensayos, que en su conjunto constituyen el mayor aporte de los investigadores peruanos a la medicina mundial.

En 1905, el Dr. Alberto Barton, después de múltiples e insistentes pruebas en su laboratorio, encuentra finalmente la bacteria causante de la Verruga: la Bartonella bacilliformis. 8 años más tarde, por encargo del gobierno peruano de entonces, el entomólogo norteamericano, Charles T. Townsend, identifica al insecto transmisor: el mosquito “Titira” (Lutzomyia verrucarum), que vive en árboles viejos, matorrales y lugares de alta humedad.

La investigación nunca será detenida, la Verruga sigue siendo examinada desde diferentes especialidades. El Dr. Juan Takano, del Laboratorio de Microscopía Electrónica de la UNMSM,  pone la Batonella bajo el microscopio y la amplia miles de veces para seguir determinando su naturaleza.

El Dr. Ciro Maguiña, Decano del Colegio Médico del Perú 2010 – 2011 y Director Asociado del Instituto de Medicina Tropical de la Universidad Cayetano Heredia, desde la Sala del Hospital estudia la sintomatología de la Verruga, y afina las formas de tratamiento; porque a pesar de los antibióticos, todavía sigue cobrando víctimas.


Un equipo de investigadores del “Proyecto Verruga” del Ministerio de Salud del Perú y de la Universidad Militar Norteamericana de Bethesda (USU), en Maryland.

Empezaron su trabajo en Caraz, en la sierra de la Región Ancash, y luego durante tres años se desplazaron a numerosas zonas endémicas.

Según el Dr. Carlos Ponce, Director del Hospital de Caraz: “Han pasado más de 100 años desde que Carrión murió, y aún no tenemos una visión clara de lo que es Bartonella”.

El “Proyecto Verruga” trabaja para descifrar una serie de preguntas que hasta ahora no encuentran una respuesta definitiva: ¿Es el Hombre el único recipiente de donde la Titira toma la Bartonella? O ¿Acaso la Bacteria también vive en otros seres?

¿Está en los inocentes burros, o en los perros, ratones, murciélagos? Sólo en la provincia de Chavín, el Laboratorio de Investigación Médica de la Marina de Estados Unidos en el Perú (NAMRID), del Área de Ciencias de la salud de USU – Bethesda, analizaron la sangre de 2000 animales.

¿Es la Titira el único transmisor de la Bacteria? O tal vez ¿también las pulgas de algunos animales?, acaso ¿se encontrará Bartonella en las pulgas de los ratones en las zonas endémicas?, ¿Las Áreas de Verruga en el Perú tienden a reducirse o se están expandiendo? Son algunas preguntas que posiblemente hallen su respuesta en el informe final de dicha investigación.


Pero hasta que la enfermedad no sea derrotada completamente, hasta que ya nadie enferme y muera consumido por la Verruga, Carrión seguirá repitiendo lo que nos dijo en medio de su gravedad: “Aún no he muerto amigos míos, ahora les toca a Ustedes terminar la obra ya comenzada, siguiendo el camino que les he trazado”.

Daniel Alcides Carrión fue declarado Héroe Nacional del Perú el 07 de octubre de 1991.

Extraído de: "Grandes Biografías". Por: Alejandro Guerrero.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Unanue: Médico y Maestro (2/2)


Unanue ingresa a la docencia universitaria en 1788 por la Cátedra de Anatomía, cátedra que no era muy competitiva, nadie lo quería tomar, y usualmente eran sacerdotes los que se dedicaban a la enseñanza de este curso. Unanue revoluciona la docencia de este curso y la pone a la par de las mejores escuelas de Europa, construye en Anfiteatro Anatómico en una de las salas del Hospital de San Andrés, y lo inaugura un 20 de Noviembre de 1792.

Aquí inicia el cambio de le enseñanza de la medicina, haciendo disecciones cadavéricas y reuniones clínico patológicas, y comienza a mejorar el nivel de preparación de los médicos. Pero también inicia el camino hacia el Protomedicato, porque en realidad lo que funda es una cátedra paralela de Patología Médica, y con ello la reforma de la enseñanza de la medicina.

En la inauguración de este anfiteatro leyó un discurso: Decadencia y restauración del Perú, donde demostró su conocimiento del país y su preocupación por los indígenas, pero también mostraba una gran reverencia hacia la monarquía. Es necesario destacar en este punto, que aquí se tomaron los primeros exámenes a estudiantes de Medicina en los cursos de Patología Médica, el 25 de enero de 1796.

Otra de las razones que lo hicieron destacar tempranamente, fue el hecho que Unanue tuvo a su cargo la redacción de las memorias de los virreyes, como la de Teodoro Francisco Croix o de Guillermo Gil Taboada y Lemus. Esto hizo que Unanue tuviera un conocimiento muy detallado de lo que ocurría en el Virreynato y le permitió lucirse frente al Rey Fernando VII cuando viajó a España.

Sin duda otra de las razones que le dieron prestigio a Unanue, fue su participación activa en la organización de la Sociedad Académica de amantes del país que editó la revista El Mercurio Peruano (1791-1795). Esta publicación, que fue dirigida por José Baquijano y Carrillo, le permitió a Unanue escribir 58 artículos en el lapso de 3 años, artículos referentes a una variedad de temas; arqueológicos, biológicos, climatológicos, pero muy pocos de ellos de naturaleza médica.

El Clima de Lima, es su obra médica cumbre. En ella hace una descripción sistematizada y minuciosa del clima de Lima y lo relaciona con la medicina, la enfermedad y los estados de ánimo de los habitantes de Lima. Es del más puro estilo hipocrático, lo que constata con las ideas que parecía tener hasta antes de la publicación de este texto.

Diera la impresión que con este libro Unanue retrocede, intelectualmente hablando, se olvida de todos los adelantos que hasta ese momento había en la medicina para regresar a Hipócrates.

Es interesante mencionar algunas citas de su célebre discurso Decadencia y Restauración del Perú: “Ignorancia de la Anatomía, impericia de esta ciencia directora del profesor, tú has causado en gran parte la decadencia y miseria que hoy lo oprime”. Se refiere a la alta morbilidad y mortalidad entre los indígenas por ausencia de profesional calificado para la atención médica.

“¡Tal es hoy la suerte, tal condición del Perú!, de aquel Perú hipérbole en otro tiempo de felicidad y opulencia, consumidos sus moradores, solo presenta cúmulo de ruinas, herederas desiertas, minas derrumbadas. Donde están esos pueblos de tan numero vecindario que sostenían su libertad, oponiendo huestes que equilibran todo el poder de los incas”.

Indudablemente por esta época, 1792, el número de indígenas era apenas de 300 mil habitantes, de los millones de existentes al momento de la conquista. Finalmente de una manera indirecta culpa a los españoles de esta disminución de los pobladores nativos cuando manifiesta: “Al contrario, los vestigios de las ciudades y villas con que mejoraron excesivamente, cuanto había consumido la dura necesidad de la victoria, prueba con evidencia que lejos de haber sido los actores, han sido las víctimas de esta común calamidad”.

Menciona además lo que ha sido confirmado después, que las enfermedades que diezmaron las poblaciones indígenas fueron traídas por los españoles: La viruela, el sarampión y los negros esclavos venidos con los españoles trajeron la lepra, el chancro y la sarna y dice: “Desgraciado Perú esta ha sido tu suerte. Abismado en una mortal ignorancia de la anatomía, faltaron en las provincias médicas inteligentes y las enfermedades internas menoscabaron a la otra. Introducidas en el siglo de la conquista mil enfermedades extranjeras con el comercio, el lujo y la mezcla”.

Estas citas nos indican el profundo compromiso de Unanue con el Perú y nos explica por que razón quería ser Protomédico del Perú.

¿Qué hizo Unanue como Protomédico?
Desde que se recibió como médico el gran deseo de Unanue fue transformar la educación médica. Sus primeros pasos los realizó desde el anfiteatro de Anatomía, con el cargo de Protomédico y en base a la gran amistad que tenía con el Virrey Abascal decide impulsar la creación de la Escuela de Medicina. Esto ya lo había intentado con el Virrey Gil pero no se había cristalizado. Unanue siempre había pensado que la preparación médica de ese entonces, como que lo fue, era ineficiente, que la administración de salud en la población era mala y que esta no llegaba a las otras zonas del Virreynato.

Hay escritos donde se expresa mal de los médicos, por la inoperancia de éstos. El prestigio de Unanue permitió aglutinar todas las fuerzas de aquella época para consolidar este logro, el Arzobispo de Lima, el Obispo de Arequipa, los Cabildos de Lima y Quito costearon esta construcción.

Fue tal el entusiasmo por esta obra que las donaciones excedieron los gastos y con este superávit se construyó el Jardín Botánico. A esta Escuela de Medicina se le comenzó a llamar SAN FERNANDO como homenaje al Virrey y fue inaugurada el 13 de agosto de 1813. La currícula de estudios que se implementa está de acorde con la época, y aun constituye la base de los programas actuales.



Es interesante mencionar algunas recomendaciones que hace y que son tan vigentes ahora como antes, como el número de lenguas, las características de la programación de clases, que las de entendimiento y memoria se dicten en invierno y las de imaginación en verano, que se alternen las clases de tal forma que el avanzado puede asistir al repaso de los elementales.

Como Protomédico recomendó a Abascal la construcción del cementerio, puesto que hasta esa época los funerales se realizaban en las iglesias y esto era contraproducente. La construcción de la Escuela de Medicina y el Cementerio fueron encargadas al Presbítero Matías Maestro.

En 1813, en pleno auge liberalista por la presencia de Napoleón en España, se eligen los diputados para las cortes de Cádiz. Unanue fue elegido diputado por Arequipa, y con este motivo viaja a España. Aquí se suscitan una serie de incidentes. Fernando VII recupera el trono, se disuelven las Cortes, Unanue se entrevista con Fernando VII, quien queda muy impresionado con Unanue y lo nombra Médico de la Real Cámara, le obsequia el cuadro de una Virgen, lo intenta nombrar Marqués y finalmente lo nombra albacea de los Landaburo.

Llega con una buena posición económica en 1816, se retira a su hacienda de Arona en Cañete y a partir de allí se inicia con fuerza en otro aspecto de su vida, la de político, dejando prácticamente a un costado toda su trayectoria de médico y maestro. El relato y juicio sobre esta actuación es materia de otro trabajo. Lo importante es mencionar que Unanue se desenvolvió con honestidad, con rectitud y con capacidad, así como también con mucho tacto y tino.

Artículo escrito por: Dr. Iván Vojvodic Hernández (Synapsis Nº1-1994)

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Unanue: Médico y Maestro (1/2)


Indudablemente revisar toda la biografía de este personaje es muy difícil, tiene diferentes aspectos, el de médico, el de geógrafo, de estadista, de maestro, de financista, de político, de periodista y en general de una persona tremendamente empapada de un espíritu humanista y de mucho amor al Perú, nuestra patria, que inspiró en él su vida, con sus acciones y sus escritos. El querer tocar sólo el aspecto de médico y maestro es como tocar con una pluma su epidermis.

Sin embargo, también es menester mencionar que el futuro se desarrolla mejor con el análisis del pasado y de la historia, la cual debe ser crítica, exenta de pasiones y desmenuzadas a la luz de lo que ocurría en esos momentos.

José Hipólito Unanue y Pavón nació en Arica, el 13 de agosto de 1755, su padre fue español, Miguel Antonio Unanue y Montalivet, y su madre, una aristócrata arequipeña, Manuela Pavón Salgado y Martínez de Anaya. De allí que él era un criollo neto, de los que en aquella época se decía “limpio de sangre”. Realizó sus estudios básicos en el Seminario Conciliar San Jerónimo de Arequipa y posiblemente en algún convento en el Cuzco, con la posibilidad de alcanzar la profesión de moda en aquella época: el sacerdocio.

Llega a dominar el latín y el griego, se empapa de la cultura clásica, y esto se confirma con las citas que realiza en estos idiomas y en las referencias frecuentes a estas dos culturas en sus escritos.

Llega a Lima en 1777, a los 22 años, y es acogido por un tío materno, Pedro Pavón, sacerdote, catedrático de anatomía desde 1765, quien le inculcó el estudio de la medicina, descubriendo en él su verdadera vocación. Estudió medicina entre los años 1779 y 1783. Es en esta época donde se vive la efervescencia y las consecuencias de la rebelión de Túpac Amaru.

Es también en esta época, en 1781, donde José Baquijano y Carrillo recepciona en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) al Virrey Jáuregui con un virulento discurso en defensa de los indígenas. Por aquellos tiempos, una de las ceremonias de recepción del nuevo Virrey se realizaba en la sala principal de la UNMSM, en lo que ahora es el Congreso de la República, con un discurso a cargo del rector o algún profesor principal designado por este. Discurso que posteriormente fue confiscado por “real orden”.

En sus años de estudiante, y por las dificultades económicas de su familia, se vio obligado a agenciarse de fondos, y es así que se convierte en profesor de Agustín de Landaburo y Belzunce, hijo de una conservadora y aristocrática familia limeña, de quien luego heredaría su fortuna. Y es a través de esta familia que se vincula con personajes y otras familias de la alta sociedad limeña, de donde nacieron la Sociedad Filarmónica y la Sociedad Amantes del País, gérmenes del Mercurio Peruano.

¿Cuál era la situación de la educación médica y del médico en el Virreynato? Por aquella época, y hasta la sexta década del siglo XIX, los que ejercían la profesión médica estaban clasificados en 4 grupos:

a)      1. Los Sangradores. Que usualmente no tenían mayores estudios y aprendían de la práctica diaria. Constituían un rezago de los tratamientos instaurados por Hipócrates y también por nuestros antepasados.
b)      2. Los Cirujanos Romancistas. Que para ser titulados sólo tenían que acreditar el trabajar por algún tiempo con otro cirujano o en algún hospital.
c)       3. Los Cirujanos Latinos. De mayor nivel, puesto que rendían sus exámenes en latín de los cursos de arte, filosofía o teología, además de acreditar un trabajo hospitalario. Hasta aquí solo podían aspirar los que no eran “limpios de sangre”. Todos estos personajes fueron los que desprestigiaron la medicina en el Virreynato. El Diente de Parnaso, una obra que satirizó a los médicos, tiene su origen en este concepto.
d)      4. Los Físicos (Physicians = Médicos). Que serían los verdaderos médicos, a los que se doctoraba, tenían que ser criollos y “limpios de sangre”. Dos de los pocos médicos que no cumplieron con este requisito fueron los mulatos Juan Manuel Dávalos, quien estudió de Francia con científicos de primera línea como Lavoisier, y fue exonerado de esta prohibición por mandato directo del Rey, y el otro José Manuel Valdez, quien luego de ejercer como 10 años como cirujano latino obtuvo la dispensa para ser médico.
Debían ser bachilleres en artes, teología o filosofía y haber llevado cursos de medicina. Ellos podían recetar, purgar y sangrar.

Todos estos títulos eran asignados, al igual que en España, por una institución denominada el Protomedicato, cuyo jefe, llamado Protomédico, ostentaba el cargo de manera vitalicia, era designado por concurso y a su vez era el médico del virrey y catedrático de prima de la universidad. Los catedráticos principales dictaban en las mañanas y era los de prima y los asociados o auxiliares en la tarde, eran los catedráticos de vísperas. Vale decir, reunía en una sola persona lo que actualmente es el Decano de la Facultad de Medicina, El Ministro de Salud y el Decano del Colegio Médico.



Usualmente la designación del Protomédico era una cadena, quien sustituía al que fallecía era el que seguía en la línea de carrera universitaria. En el censo de 1790 existían en Lima 21 médicos para una población de 52627 habitantes.

Un primer detalle importante en señalar, y que amerita un análisis posterior, es que Hipólito Unanue postula al cargo de Protomédico en 1784, es decir apenas 3 años después de recibirse como Físico, obviamente no ganó. Quien se hace Protomédico en este concurso es Juan José Aguirre, quien recién deja este cargo a su fallecimiento en 1806, casi 20 años después, a muy avanzada edad, accediendo recién a este cargo Hipólito Unanue el 29 de Noviembre de 1807. Unanue tenía los méritos suficientes pero no estaba en la línea de carrera, sin embargo la opinión favorable del Virrey Abascal fue determinante e impuso su nombramiento.

¿Cuáles fueron los méritos que tuvo Unanue para llegar  al Protomedicato? Desde el punto de vista médico, por su carisma, su buen trato y probablemente por su apariencia física, fue el Físico de cabecera de las mejores familias de Lima de aquellos tiempos; fue también profesor o instructor de los descendientes de estas familias, destacando sobre todo los Landaburo, de quien posteriormente fue su albacea.

Unanue fue un hombre muy estudioso, conocía el latín y el griego, leyó mucho a los autores grecolatinos, se empapó de Hipócrates y Galeno. Se conoce de una autorización en que la Santa Inquisición le da permiso para poder acceder a libros prohibidos por esta.

Tuvo dos antecesores que parece marcaron su vida, uno de ellos Pedro Paralta Barrionuevo y el otro Cosme Bueno. Estos centraron la ciencia de la libertad, fuera de las ataduras dogmáticas de aquel entonces. Se dice que Cosme Bueno tuvo la mejor biblioteca de aquel entonces, y no hay mayores dudas que Unanue tuvo acceso a ella, allí leyó a Vesalio y a Morgani.

Es más, Bueno fue médico que por su amplia cultura humanística tuvo gran importancia, por aquellos días, publicaba anualmente los llamados almanaques donde hacía disertaciones sobre tópicos médicos, biológicos y climatológicos. Llegó a ser cosmógrafo mayor del virreinato, cargo que posteriormente ocupó Gabriel Moreno, otro de los personajes que influyó notablemente en Unanue. Este le dedicó su obra cumbre “Los climas de Lima”. Unanue, posteriormente, en 1793, ocupa este mismo cargo, y publica una obra hasta ahora consultada por los estudiosos “Guía Política, Eclesiástica y Militar del Virreynato del Perú.

Poco después determinó que se construyera en primer observatorio, de allí también que puede considerársele padre de los geógrafos o de los meteorólogos.

Artículo escrito por: Dr. Iván Vojvodic Hernández (Synapsis Nº1-1994)

viernes, 4 de diciembre de 2009

Sergio Bernales García: Pasión por la Docencia Universitaria


Nació el 9 de Setiembre de 1885. Se recibió de Médico en 1908, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue Médico del Hospital Dos de Mayo desde 1911, hasta los últimos días de su vida.

Se inició en la docencia universitaria en 1931, en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, como Catedrático Principal Interno de Nosografía Médica, y en 1940, Titular de la Cátedra de Clínica Médica, Nosografía y Terapéutica.

Como Jefe del Servicio “Julián Arce”, demostró su insobornable vocación docente y su gran versación clínica, ante sus alumnos y asistentes al Servicio.

Es desde su lugar como docente universitario, que Sergio Bernales demuestra su extraordinaria personalidad. Elimina la “Clase Magistral” y se acerca al alumno para entablar el diálogo. Cita a Houssay: “El éxito de la enseñanza está en relación inversa con la distancia entre el Profesor y el Alumno” y que “la enseñanza afianza su sentido cuando el profesor conoce a los estudiantes como personas y no como simples nombres”.

Esta faceta de su vida es la que ha concitado mayores discrepancias, no por el contenido espiritual del maestro o el contenido científico de sus lecciones, sino por la cualidad formal de su quehacer docente. En apariencia áspero, no conoció el eufemismo ni en la vida ni en la palabra. Su ceño increíblemente expresivo producía la imagen de un hombre bueno y tierno, con profundo amor por la juventud universitaria e inconmovible lealtad a lo que él consideraba su deber para con el altísimo encargo que había recibido de su Facultad.

No se recuerda maestro más homenajeado por sus discípulos que Sergio Bernales, varias promociones llevan su nombre. Era por título indiscutible el “Maestro de la Juventud San Fernandina”. La juventud percibe claramente quienes son los hombres rectos, honestos, sinceros y dignos, que educan con su ejemplo.

Como docente desempeñó su gran misión en múltiples campos: en el aula, en las salas hospitalarias, en los consultorios, en la revista que él fundara y en los más elevados puestos de la administración universitaria.

Fue, sin duda, la figura más esclarecida que ocupó la Secretaría de Facultad de Medicina. Le dio tal prestancia que convirtió ese puesto en la verdadera antesala de lo que sería el Decanato.

También fue Decano de la Facultad durante una de las más difíciles encrucijadas históricas de la Reforma Universitaria; ferviente cruzado de este movimiento, creyó con toda sinceridad en la participación estudiantil en el gobierno de la Universidad y lo manejo con maestría; haciendo de esa etapa del llamado “Cogobierno” una de las más fructíferas.

Maestro por antonomasia retiró su justificada renuncia en 1949 a pedido del estudiantado y cuando por la ley de los hombres debió retirarse de los claustros de San Marcos, tenía preparada las maletas, a los 74 años de edad, para ir a Trujillo a iniciar otra etapa de su magistral docencia.

Considerado como uno de los más sobresalientes clínicos de su época, fue fundador y Presidente de la Sociedad de Nuevo – Psiquiatría y Medicina Legal, miembro de la Sociedad Médica “Daniel A. Carrión”, de la Sociedad Peruana de Biología, de la Academia Nacional de Medicina, y de las Ciencias Físicas y Matemáticas.

Amante de todo lo concerniente a su profesión, también fue un infatigable gremialista.

Como síntesis de su vida, Sergio Bernales como médico vivió con hondura su amor y comprensión por el enfermo; como docente, veló con pasión por sus alumnos y como ciudadano llevó con humildad, a la par que altivez, su enhiesta rebeldía social y política.

El conocerlo y reconocerlo enorgullece a la profesión médica; a todos los que visten mandil blanco y sienten a su alrededor el mismo murmullo insatisfecho y esperando de la juventud estudiosa.

Hombre parco en la palabra, usó el gento y el ejemplo para dirigir y modelar a las nuevas generaciones y para forjarlas dentro del crisol de una severa moral cívica.

El día de su muerte, a los 74 años, había asistido como siempre a ver a sus enfermos y alumnos del Hospital “Dos de Mayo”.

Artículo escrito por: Dra. Rosa Falconi Sandoval (Synapsis NºIII-1994)

jueves, 12 de noviembre de 2009

Daniel Alcides Carrión (5/6)


Después de la Inoculación, Carrión volvió a su vida regular, entre la universidad y su cuarto de pensión, habían pasado varios días y su cuerpo no manifestaba ningún signo de enfermedad; pero el 17 de setiembre, 21 días después del inicio de su experimento, sintió un agudo dolor en el pie izquierdo, y dos días más tarde, una fiebre altísima, le confirmó que la enfermedad se había instalado en su cuerpo.


Aun cuando los síntomas de la Fiebre e la Oroya, le provocaron un miedo natural, el investigador que había dentro de él, se puso inmediatamente en alerta, para descubrir y anotar cada detalle de la enfermedad que ya corría por su cuerpo.


¿Qué estaba sucediendo en el organismo de Carrión? ¿Qué procesos ocurrían en la intimidad de su cuerpo? Solo la medicina moderna pueden explicar hoy, las cosas que el joven estudiante no entendía en ese momento.


El agente transmisor de la Verruga es un mosquito popularmente llamado Titira, al que los científicos llaman Lutzomyia verrucarum. Ese pequeño insecto transmite la bacteria de la enfermedad al picar a una persona enferma y luego a otra sana.


A través del agudo piquete del mosquito, la bacteria conocida como Bartonella bacilliformis, entra en el cuerpo humano, y da inicio al proceso de la enfermedad. En el caso de Carrión, él se la aplicó directamente de un brote verrucoso.


Una vez instalada en el torrente sanguíneo, la bartonella comienza a reproducirse, y ataca de inmediato a los glóbulos rojos. Penetra en ellos, y se queda a vivir como parásito en el interior.


Esa invasión de los glóbulos rojos por la bacteria, se agrava cuando aparecen los monocitos y linfocitos, que son las células de defensa de nuestro organismo. Como los glóbulos rojos están alterados por la bartonella, las células de defensa no los reconocen, y comienzan a destruirlos sistemáticamente, persiguiéndolos por todo el sistema circulatorio. Los pocos glóbulos que logran sobrevivir son destruidos en el bazo.


En cuestión de horas, miles y miles de glóbulos rojos, son aniquilados por el propio sistema inmunológico, provocando un debilitamiento general y una severa anemia, que muchas veces provoca la muerte del paciente.


Sin embargo, si el enfermo remonta la fase anémica, después de un tiempo, sus linfocitos y monocitos aprenden a luchar contra la bacteria, entonces esta huye a la piel, formando los conocidos brotes verrucosos, alguno de los cuales no llegan a aflorar. A pesar de que las verrugas dan un feo aspecto al paciente, esta ya es la fase benigna de la enfermedad; pues luego de varios días, los brotes desaparecen si dejar huella.


31 días después de la inoculación, Carrión vivía la etapa más peligrosa de la enfermedad: La Anemizante. Hoy la Verruga se puede medicar de modo efectivo en cualquiera de sus fases, el mártir todavía estaba muy lejos del descubrimiento de los antibióticos.


En esos días le escribe a su padre: “El sábado pasado fui acometido de fortísimos escalofríos, seguidos de una elevadísima fiebre”, pero para no preocuparlo, le miente: “ahora me hallo en el periodo de convalecencia”.


Pronto ya no pudo seguir escribiendo su propia historia clínica, en su cuaderno de notas, ahora se puede leer la dolorosa aceptación de su debilidad: “a partir de ahora me observarán mis compañeros, pues por mi parte confieso, me sería muy difícil hacerlo”. Sus cuatro amigos, los del lejano colegio Guadalupe, serían ahora los encargados de continuar las anotaciones.



Las noches de los enfermos son muy largas, entre dolores y sobresaltos volvía al Cerro de Pasco de su infancia, a ese paisaje frío y desolado de la puna. Su estado era cada vez más grave: Son las dos de la madrugada, escribían sus amigos, y aún no puede dormir tranquilo, delira, pide que apaguemos la luz, y en seguida nos indica que no.


El 2 de octubre, cuando los vómitos y las diarreas lo estaban deshidratando, aun tiene fuerza y lucidez para dictar su gran comprobación: “Ahora me encuentro firmemente persuadido, que estoy atacado de la fiebre del que murió nuestro amigo Orihuela; he aquí la prueba palpable de que la Fiebre de la Oroya y la Verruga reconocen el mismo origen”.


Los médicos que lo examinan el 4 de Octubre en la mañana, recomiendan una transfusión de sangre, pero en ese tiempo aun no se conocían los grupos sanguíneos, y una transfusión, podría eventualmente ser fatal, si la sangre del donante no coincidía con la del enfermo. Carrión sabe que solo le queda aceptar el riesgo.


Sus amigos entonces lo trasladan al Hospital Francés, hoy conocido como la Clínica “Maison de Sante”, único centro médico equipado para transfusiones sanguíneas. Pero los médicos, entre ellos el Dr. Ricardo Flores – primer especialista en transfusiones de sangre en el país - por alguna razón que no ha quedado registrada, deciden postergar la transfusión.


Cuando se inoculó la verruga, la muerte solo era una posibilidad lejana, pero al sentirla próxima, serenamente dijo: “no me arredra (amedrenta) la muerte”. El 5 de octubre, a las 11:30 de la noche terminó su martirio, había muerto para que otros no mueran en el futuro, sólo tenía 28 años.



Desde su Mausoleo en el Hospital 2 de Mayo, donde hasta hoy se recuerda su sacrificio, el inquieto espíritu de Carrión, parece seguir preguntando a través de las brumas del tiempo. ¿Ya hemos logrado vencer a la Enfermedad? ¿Es todavía un problema para los pueblos de la Sierra? ¿Se ha comprobado finalmente el mal de la Verruga?


Extraído de: "Grandes Biografías". Por: Alejandro Guerrero.